Cápsulas Informativas
Oratoria
La mayoría de las veces, cuando deseamos enfrentarnos a un público verbalmente, hablar entre personas o emitir nuestras opiniones, nos creamos una barrera en la comunicación que nos impide hablar claro. Muchas veces por la creencia de que no somos capaces de hacerlo bien, nos da miedo escénico, sentimos pánico o pensamos sobre las reacciones del otro frente al discurso y todo eso nos paraliza.
En mi experiencia como facilitadora de Oratoria, la mayoría de los casos esa barrera comunicacional se da por la creencia de que no lo estamos haciendo bien y por supuesto del gran miedo que tenemos como emoción frente a los retos que impone la Oratoria.
Podemos definir la Oratoria como un proceso de comunicación directa verbal que se establece entre el emisor y el receptor a través de un mensaje estructurado por códigos o señales. En el sentido más amplio de la palabra podemos conceptualizarlo como el arte de hablar en público.
El hecho de enfrentarnos al público requiere de habilidades que deben ser aprendidas ya que no todos tenemos esa particularidad natural de hablar a otros. Pero estoy muy clara que cada uno de nosotros estamos en la capacidad de formarnos para que seamos excelentes oradores.
Existen muchos elementos que son propicios a la hora del aprendizaje y que requieren un estudio profundo para superar todo lo que nos impida aproximarnos a ser un buen orador.
La voz, su proyección, la colocación de la misma, el timbre, la dicción, las ideas y sentimientos que se transmiten a través de ella, la expresión corporal, el movimiento en escena, los matices emocionales y el control del miedo escénico son requisitos indispensables para podernos comunicar.
Definitivamente hay un trabajo arduo en la preparación que debe ser minuciosamente cuidado para sentir que estamos listos para salir a escena.
La voz, por ejemplo, es uno de los elementos indispensables, sino hablamos claro, si no nos hacemos entender, estamos perdiendo el camino. Hay estudios realizados en universidades donde se ha determinado que la audiencia se fija más en el tono de la voz, el timbre y la dicción que en el discurso mismo. De allí la importancia de mejorar los aspectos en relación a nuestra voz.
Existen muchos métodos para aprender a utilizar mejor nuestra voz, los ejercicios de proyección, las técnicas vocales para mejorar la voz hablada, la dicción, el trabajo que se logra con la respiración, aprender a colocar la misma, son recursos muy útiles para aprender a hablar mejor frente a un público que además del discurso desea una voz convincente, clara y muy cálida
El Aprendizaje
¿Cuándo estamos dispuestos a aprender? Cuando declaramos que no sabemos y cuando ese no saber nos conduce a nuevas competencias podemos decir que allí hay un aprendizaje.
Todo lo que nos modifica, afecta nuestra forma de ser y tiene un impacto de vida puede considerarse como aprendizaje.
El aprendizaje nos lleva a un nuevo estilo de vida, genera cambios, nos encamina a nuevas acciones y por ende, a una transformación. Aprender significa cambios en el observador que soy o que voy siendo y resultados nuevos que, por supuesto, deben apuntar a mi bienestar.
Se puede definir el aprendizaje como un proceso que implica un cambio permanente en la conducta, o en la capacidad para comportarse de una determinada manera que se produce como resultado de la práctica o de otras formas de experiencia.
Hay que entender que si no generamos nuevas conductas no estamos aprendiendo, pero también comprender que si dichas modificaciones no nos produce bienestar en nuestras vidas tampoco hemos aprendido o mas bien hemos aprendido erróneamente, por lo que no se considera un aprendizaje. Porque ello es una lección de vida que nos debe conducir al camino de la felicidad.
¿Cuántas veces nos preguntamos?: Tuve que pasar por esta situación desagradable para aprender o tuvimos que equivocarnos para aprender la lección y no cometer más el error. Y cuánto nos cuestan las equivocaciones para generar nuevos aprendizajes.
A través del aprendizaje se nos presentan, las oportunidades que aparecen, qué pudimos haber hecho diferente, qué aprendimos de la lección, cuál es el nuevo camino para no cometer el mimo error. Sin duda, el aprendizaje es transformacional porque genera cambios en el observador, pero también transaccional porque genera cambios en las acciones.
¿Estás tú dispuesto a aprender? ¿El colectivo está abierto a un nuevo aprendizaje que genere cambios? Este año nuestro país debe estar dispuesto a nuevos aprendizajes para asumir los cambios que se nos avecinan como nuevos retos y nuevas oportunidades de bienestar social e individual. No desaprovechemos esta oportunidad. Es el momento de aprender.
¿Cómo diseñar el aprendizaje?
Lo primero que debe preguntarse un facilitador a la hora de diseñar el aprendizaje es qué resultados va a obtener en términos del cambio de acciones de los participantes y en relación a esas interrogantes comenzar a diseñar una estrategia que vaya encaminada a obtener dichos resultados.
Ya hemos dicho que el aprendizaje debe generar cambios por lo tanto el orientador debe tener conciencia que la audiencia tiene que llevarse algo tras la formación que se le está impartiendo, es decir herramientas prácticas que generen nuevos conocimientos aplicables a su vida.
Una manera distinta de abordar el aprendizaje es a través de la indagación y que sea la audiencia la que a través de respuestas observe con claridad los temas que aborda el facilitador. A través de las preguntas y respuestas se observan los resultados, pero esa indagación debe estar acompañada con un proceso de aprendizaje que motive y movilice al cursante.
Las dinámicas son una buena forma de hacer despertar el interés del público, pero estas deben estar diseñadas acorde a lo que el facilitador quiere mostrar durante el proceso de formación. No basta solo con dinámicas para distraer al público, estas deben tener su razón de ser.
Podemos hablar de tres etapas en el proceso de aprendizaje, la inmersión que consiste en mostrar a través de experiencias concretas, el desarrollo que se nutre de la indagación y las dinámicas para llevar a la reflexión y la conceptualización y el cierre que es la etapa de aplicación y transferencia de los conceptos aplicables al ámbito personal y profesional.
El cierre es el espacio para aclarar lo conceptos, reflexionar acerca de lo que logramos y cómo lo logramos y lograr la transferencia del aprendizaje a la vida personal.
Es importante en todo proceso de aprendizaje manejar la emocionalidad y no solo operar desde el lenguaje. Si logramos la emocionalidad en la audiencia y en el facilitador el proceso será más enriquecedor y mucho más emotivo.
Lo más importante en el aprendizaje es lograr los objetivos para que en la audiencia se propicie un darse cuenta y que ese darse cuenta los conduzca a una transformación.
Fuente de información. Diseñando la experiencia de aprendizaje desde mi rol facilitador-coach de Miriam Heller.


















